“Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos. Y no te necesito. Tampoco tú tienes necesidad de mí. No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes.
Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo”.
El Principito, Antoine de Saint-Exupéry.
Ahí estaba él, jugando con sus poderes…transformando una escobita en espada, apagando y prendiendo las luces…riendo, gritando, charlando…
Y en un momento, entre su espada y sus poderes, no paraba de saltar, saltaba y saltaba como queriendo atrapar algo del aire… y después de un rato largo de no poder lograr lo que quería, me dijo:
-“Cuando sea más alto… voy a atrapar la luna…y te la voy a regalar”
(Como si él supiera que la luna para mí, es una de las cosas más hermosas…)
-Y yo, no tuve que decir…casi casi que me morí de ternura..
Será ...que hay que seguir creciendo para poder así, "atrapar la luna"...
Será que no hay que perder la ternura y las ganas de alcanzar lo inmensamente hermoso
(más aun, cuando se crece)...
Será quizás, una cuestión de aprender justamente, de aquellos a quienes pretendemos "domesticar"...
"...Has venido a recordarnos que no es tan malo crecer..."
Ismael Serrano
-Me pidieron el parentesco en la recepción…
-Les dijiste que eras mi hermana… ¿no?
Y sí…la amistad tiene mucho de hermandad. Y ella es mi hermana. Esa hermana que elegí para compartir el camino y que el camino me ha regalado. Un camino que comenzó a marcarse por “un andar a la par” que hizo que compartiéramos huellas, alegrías, tristezas, dolores, carcajadas y tantas de “aquellas pequeñas cosas”…
Alguna vez escuchamos en algún teórico hablar de células espejo, bastó entonces con mirarnos y sonreírnos para reconocernos como tales…para sabernos “jodidamente” así…por esas cosas de reciprocidad y otras tantas.
Y como si eso fuera poco, me regaló un pedacito de su alma…me concedió el honor de ser “tía”... Y yo no tengo más que agradecer…agradecer una y otra vez...
Pero (pareciera que siempre hay un pero..), la peque es muy chiquita, inmensamente chiquitita…y tiene que poder crecer… seguir creciendo...para que así, su mamá pueda tenerla en sus brazos, pueda abrazarla por primera vez…para que pronto sean tres en casa…aunque hoy, desafortunadamente, sean sólo dos los que “vuelvan”…
Y a mí no me queda más que una plegaria… una plegaria por la beba, por su mamá, por la nueva familia…por y con la convicción de que es sólo una cuestión de tiempo…
...Una plegaria para que ella, mi "Amiguis", recupere la mirada tranquila, para que pueda disfrutar plenamente de la felicidad que implica este momento para su vida, para que las lágrimas que la inundan sean sólo de felicidad…
Habrá que esperar, habrá que creer, habrá que confiar… habrá que aferrarse a la certeza de que La Peque, -como digna hija de su madre, vaa poder.
(Yo sé que sí...☺)
No es miércoles, pero bien vale escuchar esta canción, la que “anima” desde hace varios años nuestras mañanas laborales compartidas.
Hay otros...en los que incluso los miedos... nos rescatan del naufragio;
Y hay muchos, en los que los lazos - los reencuentros, son los que nos permiten ser algo más que sobrevivientes...aunque a veces ser, implique mucho de sobrevivencia...
(Y entre mar, ratos, lazos y sobrevivencia...vamos y andamos... ...aunque sean tiempos de poco tiempo y muchas corridas...)
O tal vez de “la nada” de algunas de las historias contadas y compartidas… (...de aquello que se sucede entre el "todo" y la "nada"...)
Cuando el todo se vuelve nada y “la nada” es ni siquiera algo en ese todo… Cuando lo absurdo se disfraza de omnipotencia y en su afán de ser, -entre absurdo y necesario-, pretende detener el tiempo, sujetar el viento, atar la libertad… Cuando lo naturalmente inevitable y esperable, se sucede… Cuando lo inesperable sacude a la misma incertidumbre cotidiana… Cuando todo en la nada se sucede…
...¿Qué nos queda?...
Quizás... entre tantas, la mejor opción, sea la posibilidad de renacer una y otra vez… ¿Acaso la sensación de muerte, el sentirse morir…no es una forma de saberse vivo?.
Y habrá que volver entonces, a aquellos lugares… esos que nos reencuentran con lo que fuimos, lo que quisimos ser y lo que somos; Y habrá que volverse niño y mirar desde lo simple lo complejo, creer que lo complejo alguna vez, resultará simple y sencillo… o no tanto (y quizás sea mejor así), pero realmente posible… Y habrá que volver a las pequeñas cosas, esas que nos roban sonrisas y regalan alegría… Y quizás así, el cansancio, ese que no se cura con dormir, empiece a sanarse… Y tal vez así, revivan esas llamitas, esas que marcan a fuego y con fuego el andar…
Y quizás resulte, que resurjan las ganas… esas de alzar el vuelo una y otra vez, y cada vez más alto…
…Como cuando uno remonta un barrilete, intentando a pesar de todo, sostenerlo en alto…siempre.
(¡y quizás se sientan ESAS ganas...como las de remontar un barrilete!)
“Camino y no me paro, por si acaso se estrecha el camino,
Camino hacia delante, el pasado ya es algo que ha sido