Quizas no sea mucho, ni demasiado, ni suficiente, pero es.
Tal vez para muchos insignificante, pero para unos cuantos más que significativo.
El sábado, hubo fiesta en el barrio… ¿el motivo? se inauguró una plaza.
Que podría ser cualquiera, una más… pero no lo es, en la medida que implica la concreción de un sueño.
Una plaza que lleva el nombre de una persona que significó mucho para el crecimiento y desarrollo de la comunidad.
Un hombre al que recuerdan, por su generosidad, compromiso, perseverancia, calidez, por dar “esos abrazos que llenan el alma”, por ser de esas personas que “siempre te enseñan”, en definitiva, por ser “un grande”.
Quizas haya sido grandioso, seguramente no tanto, pero su figura actúa como motor para la acción, la organización, el trabajo conjunto, la construcción de proyectos, la participación de la gente del barrio, moviliza…y si eso es lo que genera una persona, vale revalorarlo como tal (o más).
Será cuestión de justipreciar no sólo lo que hizo, sino y esencialmente, lo que trasciende a partir de él, porque justamente eso, es tal vez, lo que permita apreciar la grandeza de una persona, lo que implica más allá de sí misma…
El barrio estaba de fiesta, cada vez iba llegando más gente, pocas veces había visto a las familias compartiendo un mismo espacio, reencontrándose con otras, sonriendo, recordando aquel terreno baldío, que hoy es la plaza que hace mucho deseaban.
Los chicos corriendo de un lugar a otro, jugando en las hamacas, en los subibajas, en la cancha, otros tantos con la murga. Era todo alegría. (sin dudas, la alegría debería estar incluido entre los derechos humanos…)
Así, fue pasando la tarde, llegó la noche, mientras los distintos grupos musicales hacían lo suyo.
Y mientras tanto, una frase no dejaba de resonar “que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente”, porque quiénes lo conocieron a Héctor, decían que esa, era su frase preferida…
Yo creo que es mucho más que “su” frase preferida, me atrevería a decir, que es lo que nos une, lo que nos convoca, lo que nos encuentra, estas ganas/deseos/necesidad de no sentirnos solos al intentarlo, quizas y seguramente, sin hacer lo suficiente (porque nunca es suficiente), pero con la certeza de haberlo intentando, en conjunto y juntos…
Tal vez para muchos insignificante, pero para unos cuantos más que significativo.
El sábado, hubo fiesta en el barrio… ¿el motivo? se inauguró una plaza.
Que podría ser cualquiera, una más… pero no lo es, en la medida que implica la concreción de un sueño.
Una plaza que lleva el nombre de una persona que significó mucho para el crecimiento y desarrollo de la comunidad.
Un hombre al que recuerdan, por su generosidad, compromiso, perseverancia, calidez, por dar “esos abrazos que llenan el alma”, por ser de esas personas que “siempre te enseñan”, en definitiva, por ser “un grande”.
Quizas haya sido grandioso, seguramente no tanto, pero su figura actúa como motor para la acción, la organización, el trabajo conjunto, la construcción de proyectos, la participación de la gente del barrio, moviliza…y si eso es lo que genera una persona, vale revalorarlo como tal (o más).
Será cuestión de justipreciar no sólo lo que hizo, sino y esencialmente, lo que trasciende a partir de él, porque justamente eso, es tal vez, lo que permita apreciar la grandeza de una persona, lo que implica más allá de sí misma…
El barrio estaba de fiesta, cada vez iba llegando más gente, pocas veces había visto a las familias compartiendo un mismo espacio, reencontrándose con otras, sonriendo, recordando aquel terreno baldío, que hoy es la plaza que hace mucho deseaban.
Los chicos corriendo de un lugar a otro, jugando en las hamacas, en los subibajas, en la cancha, otros tantos con la murga. Era todo alegría. (sin dudas, la alegría debería estar incluido entre los derechos humanos…)
Así, fue pasando la tarde, llegó la noche, mientras los distintos grupos musicales hacían lo suyo.
Y mientras tanto, una frase no dejaba de resonar “que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente”, porque quiénes lo conocieron a Héctor, decían que esa, era su frase preferida…
Yo creo que es mucho más que “su” frase preferida, me atrevería a decir, que es lo que nos une, lo que nos convoca, lo que nos encuentra, estas ganas/deseos/necesidad de no sentirnos solos al intentarlo, quizas y seguramente, sin hacer lo suficiente (porque nunca es suficiente), pero con la certeza de haberlo intentando, en conjunto y juntos…
Hay días en los que creo que es muy difícil esto, y hasta si se quiere, con un dejo de incierta esperanza…hoy creo que es difícil, pero no imposible.
Quizas no sea mucho, ni demasiado, ni suficiente, pero es…
Quizas no sea mucho, ni demasiado, ni suficiente, pero es…
…si un traidor puede más que unos cuantos,
que esos cuantos no lo olviden fácilmente…