
Todas las tardes, él ahí estaba, en la plaza del barrio, sentado en el banco, contemplando las calles, las plantas, la gente, la vida misma.
Una tarde, se acerca un joven (agobiado por la rutina diaria), inquieto por saber más de ese hombre, que allí pasaba gran parte de la tarde, sólo observando y contemplando lo que pasaba a su alrededor.
Se acerca, se sienta a su lado, y casi sin notarlo comienzan a charlar. Hablaron mucho y de diversos temas, pero hubo una parte de la charla que jamás olvidará, que repite a diario a cuanta persona lo quiere escuchar:
-¿Existen las casualidades? ( preguntó el joven)
-No creo, pero si creo en las causalidades, las que encierran la búsqueda del encuentro (con uno, con los otros, con el más allá...)
-Entonces, ¿todo tiene una razón de ser?
-Probablemente...sí, lo que no implica necesariamente que hay que buscarle a todo su razón de ser; lo simple, lo bello, lo mágico de esta vida, sucede inevitablemente, inesperadamente, sorpresivamente, cuando simplemente se siente...sino fijate vos, cuántas cosas sólo pueden ser explicadas en su esencia, luego de vivirlas..pues,
¿Como explicar qué es el amor, sin antes haberlo sentido;
Cómo proclamar la libertad, sin haberla ejercido, sin haber sentido su peso;
Cómo hablar de fé, sin al menos una vez en la vida haber creido y/o actuado a partir de ella;
Cómo decir que es la pasión, sin haberla vivido?...
-¿Y el destino, existe?
-Quizàs, creo que su existencia (o la permanente búsqueda de corroboración de ella), es la que nos desafía, nos obliga permanentemente a evaluar cuán protagonistas podemos ser de nuestras vidas, de nuestras historias. ¿Y que mejor que el destino, para responsabilizarlo de nuestras malas elecciones, de nuestras erróneas decisiones, para cargarlo con nuestras culpas y reproches?, el destino es parte de la vida...
-¿Y qué es la vida?
-(el viejo sonrió) esa fue una pregunta frecuente en mi vida, y su respuesta, fue una de las cosas que más me costó aprender, con 77 años, aprehendí que la mejor respuesta es vivirla, disfrutarla, y lo más importante no es justamente que és, sino como se vive... (lentamente se levantó del banco, y como si nada, caminando despacito, se fue...)
Esa tarde, esa charla, las palabras del viejo, significaron mucho para el joven, ese diálogo le permitió entender aquello que dice el poeta "Disfrutar el pánico que provoca tener la vida por delante", y desde ese momento pocas cosas lo agobiaron, comenzó a vivir poniendo en primer lugar lo bello, lo simple, lo mágico de la vida, aquello que sucede cuando menos lo pensamos.