“Yo me acostumbré a no poder tener…son cosas de la vida, él tendrá que acostumbrarse también a que no se puede…”
(decía una mujer en relación a su hijo de 13 años, que pedía una pelota para jugar al fútbol y se “enfurecía” por no poder tenerla…)
Y no, no son cosas de la vida, son manifestaciones de desigualdades sociales…que vulneran, que limitan, que excluyen, que fragmentan, que duelen…
…que duelen casi tanto como el “acostumbramiento” como estrategia de sobrevivencia…como la aceptación de una sobreviviencia determinada por las buenas o malas pasadas de la suerte…y la resignación canalizada en aprender... “aprender a no poder tener”…
Y pienso y repienso la forma, el modo, la estrategia que logre constituir el reconocimiento de esas vulneraciones y vulnerabilidades, en motor de acción, en ansias de transformación, en aires de revolución…
Que la realidad es compleja y que para su comprensión se requiere de análisis integrales, profundos y fundados que traspasen el fenómeno para acercarse y/o conocer la esencia, no es novedad…
Que la capacidad de asombro se renueva frente a los diferentes hechos y diversas circunstancias que vivimos, es algo casi cotidiano (o debería serlo, si buscamos evitar la naturalización de determinadas situaciones)…
Pero si hay algo que me cuesta comprender, y más aun en el contexto actual, es lo que ví y escuché en estos últimos días, respecto a la situación de una niña- adolescente de 14 años, que fue abusada por tres adultos…
…Una marcha a favor de los abusadores; testimonios de vecinos que culpabilizan a la niña por “ser rapidita”; dichos de una autoridad como un intendente sosteniendo que “la chica tiene conductas precoces y tiene problemas que deberían ser tratados por un profesional”, son, como otras tantas, manifestaciones que no hacen más que reproducir y legitimar situaciones de violencia.
En este sentido, los debates mediáticos centrados en pareces y sentires, tomando como eje de discusión, si hubo o no consentimiento por parte de la nena…son modos (perversos) de pretender “justificar” y “validar” no sólo el abuso sexual infantil, sino también la violencia de género; son interpretaciones que culpabilizan y responsabilizan a una víctima de su padecimiento.
Así, seguimos invisibilizando injusticias, vulneraciones, violaciones; como también continuamos atribuyendo, responsabilidades y deberes que les corresponden a los adultos, a niños/as – adolescentes… después encontramos discursos con aparente preocupación por la situación de la juventud “que está perdida”… y sí, con prácticas como éstas, ya sea por acción, omisión o complicidad, somos nosotros quiénes los estamos perdiendo…
Si ya es sumamente complejo trabajar con toda persona víctima de una situación de violencia para que resignifique la situación, y pueda reconocerse como víctima y no como culpable, muy difícil con niños/as y adolescentes (por las consecuencias que implica en su desarrollo y crecimiento); si a eso, le sumamos estas acciones que “defienden” (y públicamente) a los victimarios, lejos estamos de contribuir a legitimar la importancia de denunciar estas situaciones, como de garantizar y hacer valer los derechos de los niños/as como tales, y que sean algo más que un simple y bonito enunciado…
“El hombre vino del mar.
Piel oscura, ojos pequeños,
las manos llenas de sombras,
las sombras llenas de sueños.”
J. M. Serrat
Hay quienes esperan sueños…hay otros, que se animan a salir a buscarlos… y hay también unos tantos (o pocos quizás) que dan la vida en y por alcanzarlos…
Hay quiénes simplemente anhelan soñar, como también quienes con capacidad de soñar, ansían- desean creer en los sueños…
Hay quienes cuando hablan de sueños, lo hacen desde proyectos, ideales, utopías que permitan hacer – construir “realidades soñadas” en posibles, practicables, factibles…
Hay quienes viven y reviven por esos sueños…son los que siguen resistiendo, insistiendo, recordando, haciendo… son de “los nuestros”…
Son quienes “sueñan despiertos”, porque saben los riesgos y la atención que implica avanzar hacia los sueños; porque saben de dificultades y obstáculos que hay que afrontar y enfrentar en el “mientras tanto”; porque conocen de escenarios complejos y obstinados; porque sufrieron luchas de poder que preponderaron los intereses personales por encima de los colectivos; porque resistieron a mecanismos perversos e inteligencias siniestras en función de objetivos nefastos; porque se atrevieron a descubrir a personas que se disfrazaban de seres auténticos, admirables, coherentes, responsables, leales, íntegros…
Son los soñadores que despiertan sueños…y despiertan a otros tantos…
…Son los que pelean, que no desisten sino que insisten, que emplean el cansancio como motor para seguir andando; que sufren, se indignan, se enojan y aun así, pensando en “esos otros” sostienen el ritmo, el paso, el movimiento…la lucha.
…Son aquellos que transitan por acá, por allá…y se vuelven pesadillas para algunos pero imprescindibles para otros…
Esos soñadores son los que siguen eligiendo estar del lado correcto a pesar de todo y todos, porque aun con la certeza de posibles “derrotas”…siguen avanzando, porque saben (son sabios) que nunca una derrota es tal, si ha implicado la victoria de seguir el paso que dicta la coherencia entre el decir, el pensar y el hacer…
…y por ello, por los “otros”, por nosotros, por lo que es y por lo que vendrá, siempre vale la pena…
“Me preguntaba si aún habrían otros,
Como nosotros, como yo,
Aún resistiendo, aún sin rendirse,
Aún recordando, como yo, como yo”.