La libertad como esa sensación de caminar bajo la lluvia, “sin prisa pero sin pausa”, inundada por esas gotitas apenas “benditas”, que no siempre vienen del cielo - aunque uno las busque casi siempre en él-…y sonreír y seguir…… aun cuando la lluvia se convierta en agua y empiece a pesar en el cuerpo, en la ropa, en la piel…y seguir…
Seguir una y otra vez, y es que la lluvia es así… tan mágica como irrompible…
La libertad también toma el cuerpo sin cuerpo del viento, sobretodo por las mañanas, con esa forma particularmente extraña que roza entre caricia y bofetada…y más aun, si está acompañado por el verde que caracteriza a esos lugares que pareciera que alejan de la vertiginosa rutina y acercan a la paz que brindan las gloriosas “sombras bajo un árbol”…
Además puede vestirse de satisfacción la libertad, esa que se siente cuando uno puede optar entre diferentes opciones y decidir, ser uno quien decida, aun, cuando esa decisión pese tanto como aquello por lo que nos decimos actores y actuantes…por la responsabilidad que y se implica en la libertad...
Y pasa que la libertad a veces pesa, mucho pesa, y está bien que así sea…y tal vez resulte ser, que en su elección a sabiendas de su implacable peso, radique una de las máximas expresiones de liberación...
Así entonces, la misma libertad se vuelve grito, lágrima, dolor, ahogo, risa, canto y canción, danza, indignación, lucha, motor, discernimiento, vuelo, proyecto, principio, medio, fin…
Y a veces pasa también, que la libertad se ve amarrada a la opresión, a la cobardía, al miedo…pero es tan grande ella, que presiona tanto pero tanto en el alma y en el pecho, que se vuelve inmensa e ineludiblemente elegible… y libre…
Y paradójicamente podría decirse, que atarse- sujetarse a la libertad es quizás, en definitiva, lo que libera…ser libres posiblemente no sea más, que sabernos presos de la libertad…
Y así, aun así, “Sabrás la gloria de elegir la libertad”.
