Que la realidad es compleja y que para su comprensión se requiere de análisis integrales, profundos y fundados que traspasen el fenómeno para acercarse y/o conocer la esencia, no es novedad…
Que la capacidad de asombro se renueva frente a los diferentes hechos y diversas circunstancias que vivimos, es algo casi cotidiano (o debería serlo, si buscamos evitar la naturalización de determinadas situaciones)…
Pero si hay algo que me cuesta comprender, y más aun en el contexto actual, es lo que ví y escuché en estos últimos días, respecto a la situación de una niña- adolescente de 14 años, que fue abusada por tres adultos…
…Una marcha a favor de los abusadores; testimonios de vecinos que culpabilizan a la niña por “ser rapidita”; dichos de una autoridad como un intendente sosteniendo que “la chica tiene conductas precoces y tiene problemas que deberían ser tratados por un profesional”, son, como otras tantas, manifestaciones que no hacen más que reproducir y legitimar situaciones de violencia.
En este sentido, los debates mediáticos centrados en pareces y sentires, tomando como eje de discusión, si hubo o no consentimiento por parte de la nena…son modos (perversos) de pretender “justificar” y “validar” no sólo el abuso sexual infantil, sino también la violencia de género; son interpretaciones que culpabilizan y responsabilizan a una víctima de su padecimiento.
Así, seguimos invisibilizando injusticias, vulneraciones, violaciones; como también continuamos atribuyendo, responsabilidades y deberes que les corresponden a los adultos, a niños/as – adolescentes… después encontramos discursos con aparente preocupación por la situación de la juventud “que está perdida”… y sí, con prácticas como éstas, ya sea por acción, omisión o complicidad, somos nosotros quiénes los estamos perdiendo…
Si ya es sumamente complejo trabajar con toda persona víctima de una situación de violencia para que resignifique la situación, y pueda reconocerse como víctima y no como culpable, muy difícil con niños/as y adolescentes (por las consecuencias que implica en su desarrollo y crecimiento); si a eso, le sumamos estas acciones que “defienden” (y públicamente) a los victimarios, lejos estamos de contribuir a legitimar la importancia de denunciar estas situaciones, como de garantizar y hacer valer los derechos de los niños/as como tales, y que sean algo más que un simple y bonito enunciado…
