Hay días que se transforman en fechas.
Hay fechas que materializan ausencias.
Hay ausencias que se desvanecen frente al presente que las recuerda, que las vuelve circunstancia, pasaje, vivencia.
Hay mortalidades inmortales, que no conocen de finales ni de distancias ni de ausencias; porque lo vivido, lo sentido, lo compartido, se constituye como presente constante, aún, cuando ello tan sólo sean representaciones…difusas, confusas, efímeras, lejanas... ¿inexistentes?
Hay fechas en las que los hubiera/hubiese pretenden invadir la existencia, procuran hallar anclaje en el vacío que alguna vez acunó el alma... envuelven, abrazan como una brisa la añoranza que generan las pérdidas.
Hay días en los que gana esa nostalgia… “esa nostalgia de domingo por llover”...
Hay fechas que a pesar de ellas, y aún cuando implican un dejo de tristeza, invitan a mirar las huellas, las marcas, las heridas, como invitación a continuar el camino, que se resignifica y revaloriza a partir de ellas.
Hay fechas, quizás días, en los que se puede ver que la vida “da” mucho más de lo que “quita”; días en los que si se pudiera elegir una vida, se elegiría la misma, incluso con ausencias, pérdidas, tristezas...
Son días…en los que las noches adquieren un brillo especial, un resplandor que des-cubre hasta las sombras más oscuras... un mágico destello que colma dulcemente las almas... ésas... como las nuestras, que se siguen encontrando desde la luz de las estrellas…
...Y mientras tanto...
"...Yo llevo tu sonrisa como bandera..."
