“…La vida y el tiempo me enseñaron
que el encuentro encierra despedidas…”
que el encuentro encierra despedidas…”
M. Menapace
La vida me enseñó que el tiempo, y particularmente en determinadas situaciones, da cuenta una y otra vez, que es implacable, imparable, que pasó, que pasa… y hasta a veces pareciera que (nos) arrasa, que (nos) devasta...
La misma vida, es la que me permitió – permite - aprender que hay diversos tiempos, los hay de esos que marcan los calendarios, que determinan los relojes, que delinean los deberes, que establecen las normas, lo previsto…;
Y hay otros tiempos, quizás los esenciales para aprender, que son “esos tiempos” que dejan huellas…
Huellas de lo compartido, de lo aprendido, del camino transitado, de los encuentros que regala la vida, de las alegrías y también… del dolor de las despedidas…
Tiempo que pareciera “mucho” si de horas, días, meses se trata…pero que nunca es “suficiente” cuando de “despedir” amigos se trata…
Y es inevitable sentir el sabor amargo que conllevan las ausencias, los vacíos, las partidas… la melancolía que implican las despedidas…
…y la tristeza…esa sensación que se escapa a través de palabras… de silencios… de lágrimas… de miradas que se pierden en la búsqueda de hallazgos, de reencuentros, “de algo”...
Pero también es inevitable recordar…y al revivir cada momento compartido… sonreír, y no sólo sonreír, sino también agradecer por los aprendizajes, por las huellas, por el honor de haber compartido y “andar” el mismo trayecto, de hacer y ser parte del mismo camino…
Y en ello… reconocer lo eterno, lo invencible, lo poderoso, lo inmortal… esos lazos que nos unieron y unen, esos que hicieron del tiempo compartido un privilegio, esos que nos hicieron ser parte de lo que somos…
Ya pasó un año…
…Recién pasó un año…
Y se te extraña, querida amiga…
pero si es parte del honor de haber compartido... bien vale la pena.
*”Hay días…” en los que quizás “Causas y Azares” juegan (ponele) para que compartamos sensaciones similares o iguales…quién sabe…