miércoles, 28 de mayo de 2008

De la libertad...


"Pienso lo que digo y digo lo que siento"

Esta frase que escuché en una pelicula que vi el domingo (sí, capaz que infantil, pero ¡me encantó!), me dejó pensando en lo sencillo que parece sostener esa actitud como forma y filosofìa de vida, pero tambièn, en los "costos" que a veces tiene ello. (esencialmente en aquellos ámbitos donde lo habitual es la impunidad), sin embargo, estoy convencida de que ese costo nunca es tan alto, cuando ello implica actuar desde la libertad de ser uno mismo.

Quizás sea "una debilidad" en cuanto que es predecible el accionar, el pensar, pero no hay mejor forma de andar el camino, que no sea a travès de la transparencia y la paz que da la de vivir desde la coherencia entre el decir, hacer y sentir.
Aunque a veces cueste, màs aùn, cuando el ser humano es una contradicción en sí mismo...

Sin embargo, más allá de los aciertos, desaciertos, logros y errores, es enriquecedor volver la mirada atràs y poder ver, que en lo realizado, en lo vivido, fuimos actores y autores de nuestras elecciones y decisiones (más allá de las condiciones objetivas condicionantes); y como diría El principito
"Entonces te juzgarás a tí mismo. Lo cual es más díficil que juzgar a los demás, y si logras juzgarte bien, serás un verdadero sabio."

...
No creo que "sabios", pero ojala que en ese momento, cuando decidamos juzgarnos, podamos decir "pensé lo que dije y dije lo que sentí"...


sábado, 17 de mayo de 2008

Los imprescindibles...


"Para que pueda ser he ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia"


Octavio Paz

Que fácil es en este contexto y más aún en las condiciones en las que se trabaja, caer en el aislamiento, en la automatización, en la deshumanización propia, en la cosificación. Más aún cuando el desgaste profesional se hace presente (generalmente no por el trabajo en sí mismo, sino por la pelea permanente que implican las limitaciones institucionales, la falta de recursos, la arbitrariedad en las decisiones, la preponderancia de los intereses individuales, etc) y no se encuentran mecanismos, estrategias que pemitan encontrar la "brecha" para seguir resistiendo.

Sin embargo, cuando se permite el diálogo, el intercambio, cuando se puede identificar que las dificultades no son de carácter individual sino institucional, cuando podemos repensar en nuestros objetivos y no sólo en los impuestos, cuando nos encontramos con esos imprescindibles con quiénes poder pensar en la puesta en acto de ese proyecto común, cuando nos reconocemos en esos otros que nos dan "plena existencia", se renuevan las fuerzas y las "esperanzas" de que aún, es posible hacer algo diferente, más allá de las dificultades.

Cómo diría Juan de 16 años, en una reunión de una organización comunitaria, "no importa cuando veamos los cambios, lo que importa es que podemos trasmitir un mensaje de que es posible cambiar las cosas, que se puede seguir y que podemos hacer algo juntos"

Encontrar de esos imprescindibles ahí, acá, por allá, permite ampliar el abanico de posibilidades y oportunidades, contribuye a consolidar el sueño de que "otro mundo y mejor es posible", y que somos varios lo que apostamos a ello.




viernes, 9 de mayo de 2008

Fueguitos...


"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al cielo. A la vuelta contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con una luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quién se acerca, se enciende."

Eduardo Galeano

Recuerdo como si fuera ayer cuando escuché por primera vez este texto, y desde ese momento nunca más lo olvidé, afortunadamente encontré al andar, muchos de esos fueguitos que encienden e iluminan a quién se acerca; pero también pude ver, como muchas veces, esas personitas que encienden a quién los rodea, esos seres especiales, que regalan alegria, sonrisas, luz a los otros, muchas veces son para sí mismos pura oscuridad, tristeza, soledad, y llega un momento que se apagan a tal punto, que abandonan el camino, que "deciden" hacerlo.

Quizás desde ese momento en particular, (cuando una compañera de la Universidad "decidió" dejar de andar), como modo de afrontar el permanente y desesperante "quizás lo hubiésemos podido evitar", tomé como forma de vida, demostrarle a la gente que encuentro en el camino, a esos "fueguitos que encienden" lo importante que son para seguir remando en el mar.

La vida siempre te enfrenta a la muerte, desde sus más variadas formas, y de algún modo te hace repensar tu vida, en el cómo es vivida, y en el fin de ella, yo lo único que espero es que haya podido vivirla y no simplemente pasado por ella, que haya hecho todo lo suficiente por intentar hacer algo diferente, que haya podido vivirla sin que me pase por encima, y que haya podido des-cubir y compartir el camino con esos fueguitos que encienden la vida, recordándoles permanentemente, que al menos una vez, fueron sol y que a pesar de todo, siempre tiene sentido seguir siendo parte de ese mar de fueguitos.


viernes, 2 de mayo de 2008

Fácil responsabilizar, dificil responsabilizarse...


En estos últimos días leí varias noticias sobre "violencia escolar", y escuchaba como las sanciones en las escuelas, al menos en algunas, son utilizadas para "disciplinar desde el silencio" a los adolescentes, me era imposible no recordar la frase de Galeano, esa que dice “Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea." y me preguntaba si esta "violencia escolar" no será alguna manifestación de esa necesidad de decir, de esa necesidad de que alguien escuche...

Mientras leía y/o escuchaba "los análisis" que se hacían desde diversos medios sobre el tema, observaba con que facilidad se deposita toda la responsabilidad de "los males de la sociedad" a un grupo en particular, a factores externos, a una sustancia (como si tuviera vida propia), o a "lo social" (como si uno fuese ajeno a ello); y qué dificil se hace repensar la responsabilidad y el papel que uno juega, para que sea sólo a través de este tipo de noticias, que los adolescentes sean por unos instantes protagonistas de algo, claro que nunca desde sus potencialidades, sino de aquello que puede colaborar a seguir reproduciendo la culpabilización de la "desesperanza de un futuro incierto".

Cómo no esperar que "estallen" ante tanto malestar, ante tanta incertidumbre, ante tanta falta de espacios de socialización, contención, escucha, ante tanta falta de diálogo, ante la asimilación de lo habitual como natural, ante tanto intento de deshumanización, ante tanta fragmentación, ante el enfrentamiento cotidiano del desencanto permanente que brinda el escenario actual...

Qué bueno sería que por una vez, se pudiera hacer lo que se debe, que por una vez se pudiera "atender" a la necesidad real de estos chicos, que ya "a gritos" están pidiendo que se los escuche, que se recuerde que existen; qué bueno sería que alguien se haga cargo de lo que hoy son las consecuencias del pasado, que por más intento de invisibilización se hace presente en la realidad diaria; qué bueno sería que no nos olvidemos que "todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada”, y que bueno sería que se actuara a partir de la escucha de esas voces...


...Y si no te escucho... ¡¡grita!!

 

Ya pasaron...

☺ Gracias...

... por seguir compartiendo primaveras, y por intentar, a pesar de todo, y todos...florecer siempre ☺

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